Estado de desequilibrio profundo en la mente y el espíritu, entendido en la medicina ancestral como ruptura del vínculo con uno mismo y con el entorno.
Se abordaba con plantas calmantes, baños rituales y acompañamiento comunitario para restaurar la armonía interior.
Simboliza la fragilidad del alma y la necesidad de cuidado integral en cuerpo, emoción y energía.