En la medicina ancestral se entendía como señal de desequilibrio interno y lucha del cuerpo contra energías dañinas.
Se manifestaba con calor excesivo, sudor y cansancio, tratados con baños de hierbas, infusiones refrescantes y rituales de armonización.
Simboliza el fuego vital que purifica y ayuda a recuperar la salud y el equilibrio espiritual.